Creo que nunca en mi vida estuve tan pendiente de los fenómenos climáticos. Bastó que me decidiera a comprar un aire acondicionado, para que en pleno verano hiciera más frío que en Alaska. En particular, en ésta semana, jamás había vivido un período tan largo en el que lluvia, sol, frío y calor convivan en simultáneo. Se larga-para. Sale el sol-llueve. Para-hace frío. Se larga-hace calor. Y así, por ejemplo, mis planes de jugar al tenis se dilataban día tras día.
La semana pasada renovamos el jardín. En realidad compramos varias macetas con plantas nuevas. También compramos plantines, tierra buena, y fertilizadores, pero lo que en verdad yo quería era comprarme un rociador de agua para, con la excusa de regar las plantas, canalizar ansiedades, y abstraerme un poco de la rutina laboral. Todo muy lindo, pero… llueve!.
Llueve y no puedo pasear, llueve y no puedo hacer deportes, llueve y no puedo sacar al perro, llueve y no consigo distraerme. Concluyo entonces que para que el clima no me afecte debo dejar de estar pendiente del clima!
Ésta tonta reflexión me hizo acordar que hace algún tiempo, me encontré envuelto en una especie de tormenta emocional que no me permitía relajar para divertirme. Por más que inventara excusas para alegrarme siempre caía en esa especie de desazón sin explicación (bien por la rima!). Hasta el truco de los paseos me fallaba siempre. Sacaba viajes de la galera, ideaba recorridos, visitas y excursiones pero nada de eso funcionaba. Tampoco podía refugiarme en lecturas, ni discos, ni amistades. Buscaba paz y encontraba un disfraz. Por más lejos que viajara sentía que la preocupación me seguía, y entonces redoblaba la apuesta pero nada resultaba.
El tiempo lo fue arreglando, creo yo. Pero tuve que tomar algunas decisiones que me enfrentaron al futuro a corazón abierto. La cosa es que ya pasó, y algunas lecturas me ayudaron a entender al desapego como aliado crucial en la búsqueda de la felicidad.
Cuentan que cuando terminó la creación, los duendes miraron el mundo y uno de ellos exclamó: "Este mundo es muy bonito. Los seres humanos tienen aquí una cosa fabulosa, pero ¿qué tal si les hacemos una broma?"
Otro dijo: " Yo sé, vamos a esconderles la felicidad"
A todos los duendes les gustó la idea. Pero “¿dónde la vamos a esconder?", pregunto uno de ellos.
Otro respondió; " Ya sé, la vamos a poner en la cima de la montaña mas alta de la tierra".
Otro dijo" No lo creo… ésta gente es muy fuerte. Algún día alguien va a llegar a la cumbre de esa montaña y la va descubrir". Todos coincidieron en que tenía razón.
"¡Ya lo tengo!” ,propuso uno: “vamos a esconderla en lo mas profundo de los mares".
No, Dijo el primero; a mi me parece que ellos van a encontrar la forma de llegar al fondo del mar, recuerda que son muy curiosos!. Vamos a buscar otro lugar.
Y así, sucesivamente, siguieron pensando en lugares donde esconder la felicidad.
"¿Y en otro Planeta?; propuso uno. No, porque son muy inteligentes, un buen día construirán una nave que los lleve a ese planeta y también la van a encontrar".
Pero había un duende que no había dicho absolutamente nada; permanecía calludo y meditabando hasta que al final habló:
"Les diré donde la vamos a esconder: dentro de ellos mismos!”. Porque van a estar siempre tan ocupados buscando la felicidad fuera de si, que jamás se les ocurrirá mirar por dentro".




















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