Una por día

Enviado por Pradero el 05/02/2010 a las 12:07
Etiquetas: | pradero | creatividad | argentina | emprendimiento

Hace algún tiempo leí una nota que le hicieron en revista G7 al virtuosísimo tenista Gastón Gaudio, y aunque me divirtió mucho leerla también me dieron ganas de cagarlo a trompadas. Resulta que el flaco decía que hay que hacer “una cosa por día”, y en ese momento yo pensé que para él era fácil decirlo porque tiene más guita que los ladrones... Pero hoy, luego de haber meditado muchísimo sobre eso, y viendo un poco para atrás y palante lo que estoy haciendo con mis cosas, creo que no sólo es posible sino muy razonable y sano lo que Gastón plantea.

La otra vez comentaba eso que menciona el Eclesiastés: “todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo”, y entonces veo que tal vez no sea tan indispensable como parece el hecho de tener que taparse de actividades para salir campeón, dado que no se pueden cruzar varias metas a la vez, sino de a una!.

Por ejemplo, hoy tengo que trabajar, tengo que estudiar, escribir, y entrenar, esas son mis actividades fijas. Pero también tendría que ir a ver una casa que queda lejos de mi casa, ir a pagar un alquiler a un lugar que queda lejos de mi casa y también tendría que mostrar un auto a un concesionario que también queda lejos de donde estoy. A lo que voy: ¿porqué volverme puto todo el día si nada de eso pone mi vida en riesgo ni me deja expuesto a vampiros asesinos?.

Tranquilo, man!. San Agustín (otro groso) decía: “Ninguna fortuna me parecería favorable a menos que proporcionase tiempo libre para dedicarle a boludear (filosofar decía él), pues ninguna vida es feliz salvo en la medida en que se viva filosoficamente”.

La coneja mamá de la viñeta incita irónicamente a su hija a que deje de hacer lo que la hace felíz para dedicarse a hacer lo que a ella misma tuvo que sufrir vivir. No rompamos las bolas, mamás conejas, y dejemos que cada cual vaya dando sus pasitos (de a uno por día) hasta alcanzar lo que en definitiva todos aspiramos: la plenitud.

 

*Gracias enano por el hermoso dibujito! (mi hermano, Seba)

La huella

Enviado por Pradero el 21/01/2010 a las 14:58
pradero | creatividad | argentina | arte | emprendimiento

Recién comentaba en el Club de Lectura, que uno de éstos días de vacaciones aproveché para releer el libro de Daniel Defoe, Robinson Crusoe.

Ciertamente es una novela muy divertida para leer en verano, ya que habla básicamente del naufragio de un muchacho en una isla desierta del Caribe.

Daniel Defoe fué un escritor muy prolífico que vivió en Inglaterra en los años 1700. Tan versátil era, que escribió unas 500 obras (a pluma y velas), al tiempo que publicaba noticias sobre economía y hacía negocios como comerciante de productos dispares como medias, vino, o perfumes. Compró una finca en el campo y una linda embarcación; y aunque al parecer la suerte no siempre lo acompañó (quebró, tenía deudas, estuvo preso y perdió dos hijos), se repuso con dureza y trabajo, y siempre tuvo objetivos claros y firmes convicciones que lo fueron conduciendo a ganarse el respeto de sus pares y discípulos.

Por otro lado, como protagonista de su novela, el jóven Robinson también despliega en la isla grandes dotes de autogestión, construyendose una fabulosa finca, delicadamente decorada y estratégicamente protegida de las fuerzas de la naturaleza. También se dedicó masiva y planificadamente a la agricultura y cría de animales para asegurarse el sustento en los años de sobrevivencia que se le iban sucediendo.

Todo estuvo muy bien hasta que un día descubrió en la arena una huella humana que no era la suya, y pensó: si ésta huella pertenece a un enemigo, perderé todo lo hecho hasta ahora, me atacará, me matará, y posiblemente me comerá..., así que derribaré mi casa, liberaré a mis animales, y quemaré los sembradíos para borrar todo rastro de mi vida y así vivir sin preocuparme por las pérdidas que éste enemigo pudiera causarme...

Finalmente, y contrariamente a lo que él pensaba, “la huella” se convertiría en la personificación de la amistad profunda a través de un indio bueno (Viernes) de quien se hizo amigo, y con quien consiguió superar fraternamente los tantos años que pasaron juntos en ese lugar.

Ésta genial paradoja me hizo reflexionar acerca de los fantasmas que cotidianamente fabricamos en nuestra mente (la huella sólo era una huella): La huella era la cara del miedo, los temores infundados o especulaciones tenebrosas acerca de lo que está por venir, en lugar de relajarnos y dejar que las cosas fluyan, con la sana esperanza de que todo será para mejor.

Viendo ésta alegoría entre la vida de Robinson y la de Daniel Defoe, su creador, no puedo dejar de advertir la metáfora de la desnudez humana ante las fuerzas abrumadoras de lo desconocido. Piensen que a fin de cuentas el futuro podrá ser bueno o no tan bueno, pero siempre somos nosotros mismos los que dejamos las huellas, y yo quiero ser un indio bueno.

Ni preguntas, ni respuestas

Enviado por Pradero el 29/11/2009 a las 21:30

Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado; un tiempo para matar y un tiempo para sanar, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar; un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar; un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas, un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse; un tiempo para buscar y un tiempo para perder, un tiempo para guardar y un tiempo para tirar; un tiempo para rasgar y un tiempo para coser, un tiempo para callar y un tiempo para hablar; un tiempo para amar y un tiempo para odiar, un tiempo de guerra y un tiempo de paz.
(Eclesiastes 3, 1-11)


Por propio mérito o por casualidad, debo reconocer que me siento muy afortunado. Porque creo que estoy entrando en una etapa de mi vida en la que no necesito tantas respuestas.
Estos días descubrí que llevo un buen tiempo sin hacerme ninguna de las dos preguntas: ¿por qué? ni ¿porqué?. Y aunque a simple vista no lo parezca, creo que finalmente es gran cosa. Porque es internalizar que las cosas suceden porque nosotros lo queremos, y si no suceden, o no las queremos, ¡también están sucediendo!. Es decir: ¿qué mas da?.
Si bien últimamente algunas muchas cuestiones se han venido dando como para ponerme de cara a la derrota, agradezco al cielo no haberle dado el gusto al infortunio. En ésta época de balances y proyecciones, aún no tengo claro si mis desiciones han sido o pretenden ser atinadas, pero sí tengo la certeza de que decidí ser felíz hoy y no mañana. No voy a esperar a tener más dinero, un mejor trabajo, un mejor auto, o incluso un hijo. Renuncio a postergar mi bienestar, no por conformista, sino porque el "hoy" no volverá a suceder y para poder darle sentido a mi vida necesito de ese "hoy" para coronarlo. Y eso no implica que para el próximo año no esté lleno de proyectos, -quizás como los tuve el año que pasó y no los concreté-, pero ya no importa tanto, porque aunque no tenga demasiado en claro lo que voy a hacer, no implica que no esté haciendo lo correcto.
Esta mañana llovía a cántaros en mi barrio, y estando yo mirando por la ventana, vi a un anciano vecino quedarse "empantanado" en la esquina, de regreso a su casa, en medio del chaparrón. Después de dudarlo unos instantes me puse las zapatillas, tomé un paraguas, fuí a buscarlo, y lo acompañé hasta su casa llevándole el bolso de las compras que traía. El hombre, agitado y aturdido al llegar, me miró, sonrió un poquito y únicamente me dijo: -"vas a tener suerte".
Naturalmente no necesité preguntarle porqué iba a tener suerte, ni tampoco hace falta que te diga de qué manera su sonrisa ladeada iluminó el resto de mi día lluvioso.
Es un ejemplo boludo de cómo una pequeña actitud redefine el proyecto de vida que hayas hecho alguna vez, y puede volver a impulsarte aún sin tomar carrera.
"Casi todas las personas son tan felices como deciden serlo." Dijo A. Lincoln, y yo agrego, "dále que va!".

Por hoy no voy a hacer más comentarios, sólo quería escribirlo para después recordar que, algún puto día de mi vida, tuve la claridad de ver así las cosas.
Gracias.

Me gustaría hacer ésto, mirá:

Enviado por Pradero el 21/11/2009 a las 18:43
Etiquetas: | arte

Te pasaría a buscar el jueves a la noche,
tomaríamos un café, sí,
negro para mi, y con leche para vos.
Te llevaría rápidamente a un hotel,
pediría una habitación por dos horas,
entraríamos,
tocaría algunos botones del respaldo de la
cama,
desabrocharía tu camisa y te dejaría en corpiño,
te agarraría con fuerza por atrás,
te pasaría un brazo por atrás de la cabeza,
enredaría tus pelos en mi mano,
y te llenaría toda la oreja y el cuello
de besos hasta

que

me

mientas.

No voy en tren, voy en avión

Enviado por Pradero el 11/11/2009 a las 19:55
Etiquetas: | pradero | creatividad | argentina
Un tren se llevó puesta a una señora.
Otra señora, testigo del accidente, responde las preguntas que un periodista le hace por televisión:

-"¿Era una persona grande la señora? Pregunta el periodista.
-Nooo, era joooven, más o menos como yo! Responde concreta.
-Y ¿qué piensa usted que pasó?
-"y... -dice la entrevistada- se ve que la señora quería suicidarse..."
-¿porqué lo dice? increpa él.
-porque el tren no le opuso resistencia.

La primera mitad del reportaje fue real. Lo que me llamó a la atención fue que la señora entrevistada, quien dice no ser una persona grande, era muy parecida a ésta que pongo aquí abajo:

 
No estoy bromeando, lo que veo interesante es el espíritu altruista que demostró frente a la cámara. Y paradójicamente, la señora que yo ofrezco como modelo, es ésta, quien se exhibe en la web para el cuidado de personas mayores, incluyendo tediosos trámites y limpiar la caca ajena. Grandioso.
 
En la segunda mitad del dialogo (figurado), la señora hace una dempostración de que, si la suicida no lo hubiese permitido, hasta la propia locomotora hubiera intentado impedir el accidente. Y en ésta parte me parece importante reflexionar que con mucha actitud, siempre, ante lo ineluctable, ante lo humanamente demoledor, siempre es posible tomar esa riel, ponerlo en cuña, y detener al más pesado de los malestares.
 
Hace poco leí un cuentito de Bucay que me inspiró y me ayudó muchísimo en éstos días y se lo dedico a mis viejos:
 
Un profesor de aviación le pregunta a su alumno:
 
-Supongamos que se halla en vuelo, y lo acecha una terrible tormenta que rompe el motor de su avión. ¿qué haría usted?.
-Seguiría volando con otro motor, responde.
-Ok, pero viene otra tormenta y le rompe el otro motor. ¿qué haría ahora?
-Bueno, seguiría con otro motor...
-Ajá, pero supongamos que viene ootra tormenta y le rompe nuevamente el motor. ¿qué me dice?
-Que seguiría volando con otro motor. 
-¿Pero me está cargando? dígame, ¿cuántos motores va a tener usted?
-Y usted dígame ¿cuántas tormentas pueden llegar a venir?
 
Que nada nos quite las pilas para seguir volando.
Chau.