Hace algunos días, caminando por mi barrio, encontré un caballo muerto.
Para quien nunca vio un caballo muerto le cuento que es como si estuviera vivo, pero muerto.
Estaba acostado sobre la vereda; recto, ortogonal, con el cuello a 90 grados y las patas alineadas. Su rostro era sereno, como si hubiera reconocido ese momento, el que estaba necesitando. Parecía profundamente dormido, y su expresión sólo denotaba una tranquila aceptación del final de la vida.
De no ser por el hilo de sangre que corría desde su sien, hubiera creído que murió por causas naturales, pero los dos hombres que estaban a su lado movían sus cabezas con la expresión típica de quien lamenta un hecho indeseado.
-“Tenía muchos problemas”, me dijo uno de ellos, cuando advirtió que lo miraba de arriba a abajo.
-“No tuvimos elección”, agregó el compañero de luto.
-“¡Pero era un caballo, no una persona!”, salió de mi garganta sin pedirle permiso a mi mente. “¿acaso no tienen ustedes compasión?, ¡era un animal! ¿Qué problemas puede tener alguien que no piensa o que no siente? ¿Qué problemas puede tener alguien que, por ejemplo, no sabe qué es el amor?























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muy buen artículo, empiezas un poco en clave de humor definiendo lo que es un caballo muerto, jejejej.
pero esta muy bien