Hoy fue un día normal.
No me ha dolido ni la panza, ni el cuello, la cabeza, la espalda, los pies ni las manos.
No me dolió nada.
Con la cama más que tibia y arropado por el cariño de un hogar resplandeciente decidí levantarme para preparar un rico desayuno a mi familia.
Respiré una media hora, concentrado en un influjo de aire puro, que poco a poco avivaría mi sangre vitalizando todo el cuerpo.
Salí de casa sonriente.
Llegué silbando al trabajo acompañado del canto de unas aves y estacioné mi noble automóvil bajo un hermoso tilo en flor que perfumaba hasta la vista.
Al mediodía bendije mis alimentos y me dispuse a consumir una sana ensalada finamente rociada con aceites naturales y delicadas hierbas.
Por la tarde hicimos yoga, jugamos scrabble y paseamos largo rato con nuestros cariñosos perros por el sendero que va al sol.
Todo eso hice hoy.
Y después me desperté.


Me divierto hablando, pero más aún callando. 






Comentarios recientes
hace 7 horas 17 mins
hace 15 horas
hace 1 día
hace 2 días
hace 3 días
hace 3 días
hace 3 días
hace 3 días
hace 3 días
hace 3 días