Afortunadamente la vida nos pone cada tanto frente a encrucijadas donde nos vemos obligados a plantearnos quiénes somos y qué estamos haciendo.
Son muchas las razones que nos obligan a parar y cuestionarnos todo.
Se nos llena el tarro de preguntas relacionadas con la/s causa/s de nuestra crisis y en general trasladamos la responsabilidad a personas o situaciones externas a nosotros.
Creemos que la vida es injusta porque estamos convencidos de haber actuado bien, y muchas veces es así, vamos dando un paso tras otro portándonos bien para que todo salga bien, tal como nos lo enseñaron. No le hacemos mal a nadie, así nadie nos tendría que hacer mal a nosotros: no pisamos el césped, no gritamos en la calle, no andamos en bolas, respetamos a la gente (indiferencia?) etc.
Pero hay una manera de vivir que algunos resignados llaman fantasía, y otros, (más resignados aún) se arrepienten de no haber transgredido alguna que otra reglita establecida vaya uno a saber por quién.
Y no estoy hablando de andar molestando a los demás, se trata de indagar si es ahí donde pertenecemos, si realmente estamos haciendo lo que nos conduce a la felicidad o solamente acatamos los preceptos porque "es lo correcto" o porque nos hace sentir seguros.
Yo propongo, en la medida de lo posible, dejar de percibir livianamente nuestras necesidades reales y no ceder a los influjos sociales, culturales, familiares, etc. rematando al mejor postor nuestra libertad.
Como decía al principio, estas crisis son nuevas oportunidades de liberación, de reacción y de renovación, para no perder de vista el caminito, ese que nos hace únicos.
Dijo Einstein: “los problemas no pueden ser resueltos con la misma conciencia que los ha creado”.


Me divierto hablando, pero más aún callando. 






Comentarios recientes
hace 7 horas 10 mins
hace 14 horas 53 mins
hace 1 día
hace 2 días
hace 3 días
hace 3 días
hace 3 días
hace 3 días
hace 3 días
hace 3 días