
Este post estuvo por llamarse: "Blogger invitado:...."
La idea es, de vez en cuando, invitar a postear a mis amigos en Pradero Net. ...suena amenazante, verdad?, no se preocupen, no voy a publicar los nombres de quienes no acepten el reto. Sólo los apellidos. Je
Pues el caso es que hoy el gran
CARLOS PAREDES LEVÍ ha aceptado la invitación y en consecuencia los invito a compartir esta entrada:
Con nosotrooos, il capo!:
Había arrimado un banco a la ventana del comedor y se complacía mirando el
movimiento mañanero de personas y coches. Todos tenían algo que hacer, con
sus vidas cargadas de actividad y un fondo de frustraciones al constatar que
toda existencia no es más, a la postre, que una gran decepción. El, igual de
frustrado pero inactivo, amontonaba papeles sobre la mesa y eludía las
llamadas de la editorial que le apremiaban por el retraso en los plazos de
entrega de su próxima novela, ésa que era ansiosamente esperada por público
y crítica y que se encontraba empantanada en una maraña de textos inconexos.
Cuando comenzó a llover la gente se dispersó de las calles para llenar bares
y cafeterías, centros comerciales y portales. Por el contrario, los coches
se apelotonaban en los atascos propios de los días lluviosos, conformando
una serpiente multicolor y ruidosa (nunca comprendió esa puñetera manía de
tocar la bocina y se le ocurrió, demencialmente, que el acto encerraba
alguna patología sexual mal resuelta). El, notaba cierto gozo al ver cómo
los peatones se mojaban y abrió la ventana para llenar sus pulmones del
deseado olor a tierra mojada y humedad propio de las tormentas.
Al rato, aburrido de lo que veía, pero incapaz de sentarse ante el teclado
de su computadora, entró en el cuarto de baño y se miró con detenimiento
ante el espejo. Este, reflejó ojeras violáceas, pelo despeinado, sucio y
pegajoso, barba rala blanquinegra y una expresión de derrota que le hizo
imaginar, por un momento, cómo sería su rostro en el futuro. Sonrió con
cierto malsano sentimiento ante el libidinoso gusto por el abatimiento y el
abandono que transmitía a la vez que notó el avance de un poderoso impulso
por poner fin a esa dejadez física , fruto de su estado de tempestuosidad
interior. Así, decidió que el cambio tendría que comenzar por lo sencillo, y
antes de retornar a su novela, debía cambiar de aspecto. Consecuentemente,
se duchó, afeitó, peinó, perfumó, vistió ropas nuevas y bajó a la calle a
desayunar y leer la prensa. A la vuelta, y sin mayores prórrogas, se
sentaría con decisión y volvería a escribir, porque la literatura era lo
único que le quedaba y la forma más certera de superar las ofensas de la
vida.
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