Esto es algo muy extraño. En verdad. En mi vida off line, la gente no escucha cuando yo toco la guitarra. No me dejo oír. Es un tema aparte del que ya hablaremos a su tiempo. Pero ayer tuve una experiencia inédita e indeseable. En ocasión de visitar el taller mecánico para el arreglo de mi auto, y tras una involuntaria maniobra, se derramó el combustible por todo el baúl y el suelo donde estaba parado como esperando lo inevitable: Claramente ya era tarde cuando advertí la chispa que generó un cable en cortocircuito, que al grito de fuego!, fuego! nos puso frente a frente con las indómitas llamas del horror. El regadero comenzó a arder y no nos alcanzaban las piernas para ir y venir, llevando agua para intentar mitigarlo. Una alucinante descarga de adrenalina le hizo conocer a mi cuerpo un estado de euforia y excitación que hasta ayer no había vivido. Por un instante me sentí Superman, o Robin, bueno, pero súper héroe al fin. Finalmente logramos sofocarlo (nos). Terminamos agotados y sin mayores pérdidas ni lesiones. Regresé a casa haciendo un riguroso examen de conciencia de esos que sólo se hacen cuando se sale de situaciones límites. Por eso, a lo que voy, es que más allá de que tengo las uñas muy cortas, de que hoy hay muchísima humedad, que tengo los dedos duros, que el sonido, y que todo? voy a compartir con ustedes otro pedacito de mí:
Para el weekend: Choro, de Teixeira. Gracias
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Me divierto hablando, pero más aún callando. 






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