Acabo de venir de una importante reunión de trabajo.
En ocasión de la presentación de un programa de diseño industrial con gente del ministerio de la producción, me sucedió algo que no le deseo a nadie.
En determinado momento tuve que exponer mi proyecto frente a un grupo de personas influyentes.
Hice una exposición clara y contundente.
Pero todo iba bien hasta que promediando la charla, una de las personas claves se paró y salió del recinto. No me quedó más remedio que decirme a mí mismo la célebre frase cinematográfica: ?ou, maigád!?.
Esto que ahora me causa gracia sacudió mi confianza en ese momento. Pero claro, no tenía opción, y proseguí como pude, titubenado un poco. Me costaba seguir el hilo de mi pensamiento.
Lo antes que pude llegué al puerto, clavé el ancla y meditando en silencio me relajé para escuchar las devoluciones.
Por suerte no hubo sorpresas, el grupo tomó nota de mi propuesta y todos me agradecieron el tiempo y prometieron pasarlo a análisis.
Pero grande fue mi sorpresa cuando, finalizada la charla, se me acerca el fulano huidizo disculpándose por tener que haber salido al baño en un momento tan inoportuno?
Moraleja, moraleja? no hagan rimas.
...ni idea
Me divierto hablando, pero más aún callando. 






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