Voy Soy lento.
Lento para pensar, lento para moverme, lento para reaccionar, para hablar y para responder. Por esa causa he recibido críticas en todos los colores. Y muchas veces me pregunto que tan mal está eso.
Y siempre me respondo esto, que todo depende de con qué o con quien me compare y por otro lado de cuándo o que cosa lo requiera. Esto sería:
Una computadora es muy veloz, precisa y eficiente, pero estúpida. Nuestro cerebro es lento, impreciso y brillante. Uno necesita del otro y juntos son muy poderosos. Por eso, las personas más inteligentes saben cuándo es el momento de dejar que la mente vuele, delire e imagine y cuándo dedicarse con esmero a las prácticas y el trabajo.
Otra cosa que poco me gusta es el teléfono móvil. Tanto el celular como el e-mail y otras formas de comunicación actuales no hacen otra cosa que someternos permanentemente a la presión de fechas límite. El hecho de exigir una respuesta inmediata genera frecuentemente decisiones improvisadas y, a la larga, arrepentimiento e insatisfacción.
Las cosas que necesitan prudencia (planificación estratégica, pensamiento creativo, fomento de relaciones, etc) se pierden en el alocado apresuramiento por mantener el ritmo, o incluso sólo para mostrarse ocupado.Ahora bien, no es que con esto quiera hacer una apología de la pereza, pero si en el afán de revertirlo realizara algunas cuestiones con toda la aceleración que sugieren estas tortuguitas, ¿también me criticarán?
Pradero Net

Me divierto hablando, pero más aún callando. 






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