Hace poco tiempo los insté a redoblar la apuesta en los blogs y sincerarnos en los pensamientos a riesgo de pisar el palito.
Por eso hoy, si tuviera que definir mi inclinación política, diría que me siento identificado con el Centro Izquierda. Moderado, no violento, e inclusivo. Hijo de puta!, pues bien, para algunos lo seré y para otros no tanto. El punto es que me he formado en base a la doctrina Cristiana (no necesariamente Católica) que, a mi entender, prefiere las igualdades basadas en la justicia social y la equidad de oportunidades. En este contexto, es claro que en Argentina no consiga incluirme en ninguna plataforma política. Estoy a favor de la intervención del Estado en algunas cuestiones, un poder central que actúe como contenedor contra el voraz apetito del capitalismo salvaje, y que de alguna manera balancee la creciente brecha entre ricos y pobres.
Por otra parte, soy un ferviente defensor del desarrollo privado y estoy convencido de que la generación de riquezas para la nación viene de la mano del desarrollo de las PyMes y del emprendedorismo en general.
Será por eso que siempre me he preguntado ¿porqué existen países socialistas tan pobres y países también socialistas con tendencia al crecimiento sostenido? Y asimismo ¿porqué hay países capitalistas con miseria y países capitalistas con un alto índice de bienestar general? Pues bien, yo creo que la solución a las desigualdades, la pobreza y por ende a una calidad de vida razonable, no está necesariamente en el modelo capitalista o socialista que se aplique; la calidad de vida de la gente sólo será buena en tanto se trabaje en forma ardua en el fomento de la competitividad del país. El incremento de la competitividad nacional es el único camino que, creo, puede ayudar significativamente a mejorar el bienestar de la población.
Estoy muy disgustado por el actual debate entre un sector productivo (campo) y el gobierno de la presidenta Kirschner en torno a una serie de medidas que ésta última ha pretendido adoptar, porque se ha corrido el eje de la discusión central que, a mi entender, está en el verdadero destino de los fondos que por retenciones y por el pago de impuestos se obtienen.
Entre las propuestas más mediatas que yo adoptaría están: por un lado, mayor inversión pública en salud y educación (bases). También en seguridad, infraestructura, etc, pero estoy pensando sólo en productividad. Y en tener normativas legales flexibles de cumplimiento rígido, y no normas rígidas de cumplimiento flexible. Y también en reducir los niveles de corrupción, teniendo funcionarios realmente capacitados y comprometidos (en algún lugar debe haber!) Y por el otro lado, mayor capacidad por parte de las empresas para competir internacionalmente en igualdad de condiciones y de esta forma poder crecer y generar mayor inversión y empleo, y sobre todo pagar mayores impuestos al estado para su inversión pública, sin que esto signifique aumentarles la alícuota de impuestos y restarles competitividad, rentabilidad y el atractivo a la industria.
En fin, hay mucha tela para cortar, sólo quería dejar asentado mi postura en Pradero Net, para que al leerlo dentro de algunos años recuerde que alguna vez fui pelotudo ingenuo y creí que el mejor destino de los pueblos está en la eficiencia de la administración pública, en la democracia y en el corazón de los hombres.
Atención: no voy a polemizar en los comentarios ni nada por el estilo. Si alguien quiere dejar su opinión la respetaré, lo que he dicho tal vez no tenga sentido o pueda molestarte pero es sólo una manera de pensar. Gracias.
*la foto no tiene nada que ver pero, que buena que está la posición de Evangelina Anderson! ¿cierto?

Me divierto hablando, pero más aún callando. 








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