Los hechos:
En un confuso episodio un policía mató a un Presunto (presunto) violador serial de mi ciudad apodado El Hombre Araña. Se trataba de un menor de edad (16) que habría violado a 6 mujeres trepando por las paredes de los edificios de sus víctimas.
El caso:
Una mujer me preguntó anteayer:
- ¿qué opinás del violador que mataron?
- …mmm me dio lástima.
- ¿qué cosa te dio lástima?
- según entiendo –le explico-, el policía disparó al muchacho sospechando que se trataba del violador y tras escuchar los gritos de una mujer, y después de forcejear con el tipo le disparó a quemarropa y lo mató.
- ¿y? –preguntó desafiante.
- que lamento que el chico no haya tenido un juicio justo…
- ¿de qué juicio me hablás? –arremetió- ¿vos tenés hijos?
- no
- entonces no opines.
Seguimos discutiendo hablando un rato más y me fuí. Me fui pensando en que si hubiera tenido hijos también me hubiera puesto en el lugar de la madre del muerto sin juicio. Y me fui pensando en que la intolerancia y los prejuicios de la gente son los que van destruyendo la democracia de las naciones. Puede ser que la justicia no sea tan justa, puede ser que el accionar de la policía no sea eficiente, incluso entiendo que señoras como ésta gusten de la pena de muerte (ajena), pero de que la discriminación por diferencia de opinión y la descalificación prejuiciosa no aporta nada, de eso no dudo.
Llegué a casa y saqué a pasear a Peluca.


























Tenés razón, todos los violadores necesitan tener un juicio justo. No sólo para apuntalar la democracia sino porque se merecen ingresar en prisión y, lejos de cualquier protección, probar su propia medicina, disfrutando del cariño de los demás reclusos. Idéntico destino les debería quedar reservado a los pederastas.