No confíes en la opinión ajena. No desperdicies ni un minuto de tu vida en preocuparte por lo que otras personas piensan de vos. La mayoría de las personas está tan ensimismada en su vida que lo único que le importa es lo que los demás piensen sobre ellas. Y he de aquí, creo yo, la raíz de la causa consumista. La exacerbación de la estética personal y la obsesión por el lujo.
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En lugar de estar preocupados por lo que digan los demás, deberíamos referirnos a los que pensamos de nosotros mismos. Porque nadie sabe realmente lo que somos capaces de hacer. Diría más, al permitir que otras personas intervengan en nuestro desarrollo, es muy probable que se termine convirtiendo en un escollo. Sin embargo, no digo que debamos convertirnos en ermitaños porque, aún la resistencia de los demás puede servir de modelo para ayudarnos a superar los propios miedos…![]()
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Cada vez que he pretendido tomar medidas audaces, como comenzar un nuevo emprendimiento o encarar un tema nuevo, he sentido cierta resistencia desde las personas que me rodean (excepto, claro está, las que me quieren bien). Porque una cosa es el análisis cuidadoso de los posibles contratiempos y otro, muy distinto, es una rebuscada explicación de porqué uno está condenado al fracaso. Y acá está el punto: ¿porqué la mayor parte del tiempo hay que estar hablando de temor y no de amor? Explicando nuestra voluntad en lugar de explorar juntos nuevos mundos?…
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Y paradójicamente, cuando sucede lo contrario, pues sucede lo contrario: Cuando quebró la primer empresa a la que estaba asociado, tuve que atravesar un agudo cuadro de preocupación y reingeniería laboral llevándome incluso por caminos insospechados como lo es manejar un remís. Ser chofer es una actividad muy digna (otro día lo cuento bien), pero no creo que sea como para alegrar el ego de otras personas que, quiero decirlo, me miraban condescendientemente, como diciendo “yo sabía que eras tan inútil como yo”…
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Cuando alguien tiene un espíritu emprendedor, más allá de los resultados, no es extraño que en el camino se tropiece con varios algún fracaso. El “fracaso” es una parte integral del “éxito”, de manera que, desde mi experiencia, aconsejo vivamente hacerse amigo de la duda, de los eventuales fracasos y las dificultades, porque es lo único que finalmente nos hará comprender que es posible recomenzar y salir adelante.
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Perder la autoconfianza es mucho peor que perder la empresa, la casa, el auto y hasta las amistades. Porque, pasada la tempestad, es necesario volver a intentarlo, volver a tomar aire, agradecer y abordar nuevos riesgos.
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Me despido con un humilde mensaje: el miedo no está en vos, está en los otros. Dejá que hablen y/o murmuren pero no escuches a nadie. Poné fé en vos mism@. Es posible que tomes decisiones erradas (al corto plazo) pero a la larga serán buenas, porque serán las que te recompensen por haberle sido fiel a tu propio corazón.
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Gracias.























Hola Jean-Paul,
Me encantó este posteo... y la verdad es que me vino de perillas leerlo. Opino lo mismo que vos, que no hay que buscar la aprobación en los demás y que ser fiel a uno mismo es lo más importante.
La vida es demasiado corta para gastarla en querer agradar a personas que ni siquiera nos mantienen. A propósito de esto, el marido de una amiga mía dice:
- Que te pidan lo que te dan.
La vida es un ensayo permanente... la función será el día de nuestra muerte, supongo.
Besos,
Rachel