
Es
increíble descubrir como nuestros estados de ánimo se transmiten entre las
personas y/o hacia los animales:
Cuando
tengo hambre, Peluca tiene hambre.
Si como
poco, Pelu come poquito.
Si estoy
cansado, al él hay que levantarlo con una grúa.
Si estoy
eufórico, su cola produce viento.
Si me duele
la panza, hace caca blandita.
Si tengo
frío, se mete adentro de mi cama.
Si llego
tarde, me espera sentado al lado de la puerta bien despierto.
Si el sol
está lindo, ambos salimos contentos a pasear por el barrio.
Si me duele
una muela, tiene feo aliento.
Si abro la
heladera, deja todo y viene corriendo.
Si levanto
la voz, Pelu agacha la cabecita.
Si pongo
música fuerte, se mete bajo el sofá.
Si estoy
entretenido, viene a jugar con su huesito de plástico.
Peluca es
mi reflejo, el espejo de mis estados.
Pero si
hoy, sólo por hoy, estoy triste…
Perdoname,
Peluca.























Es que los bichos saben todo. Cuando murió mi abuelo mi perra estaba re mal, ni quería salir de la casa, y no te estoy hablando de días después, sino a la misma hora que él falleció (ya llevaba unos días de internado). Es impresionante, pero es así.
Y lo bueno es que siempre están disponibles cuando los necesitás, no fallan nunca los perros.
Saludos.