
Trataré de
recordar todo lo que pasó anoche.
Estaba tan
cansado que, el libro de cuentos Borgeanos que estaba leyendo, me resultaba tan
complejo como un manual de genética 4 de la facultad.
Entredespierto
o entresoñando, la velada onírica facilitó a mi mente la imagen de la mujer que
tanto tiempo esperé:
Creo que
estaba despierto cuando me concentré en sus formas: quería que fuera menuda, de
cabello largo y sedoso y que, al caminar, sus pechos bambolearan al contrapunto
de un culo alto y redondo. No pedía demasiado.
Ya un poquito
entresoñado, comencé a pensar en su voz: quería que fuese dulce pero firme.
Sincera pero prudente. Me gustaría que de su boca salgan palabras concretas y
sin vueltas, pero que sepa intercalar metáforas reparadoras como ésta: “las tetas
bamboleantes…”.
Me parece
que volví a despertar cuando quise que se llame Cariña, pero es un nombre que
no existe, así que seguramente estaba dormido.
Entonces
sí, ya mas despierto, me pareció sentir su aroma. Era increíble: gustos
coloridos - colores masticables. Para tragarla de un bocado. Olor a mujer, olor
a celo. Un gusto exquisito, alucinante, para comerla poco a poco, y mejor no
sigo porque me toco.
Adormilado
(buenísima palabra!) nuevamente, propúseme (no existe) saber cómo era su piel.
Y obviamente no me decepcioné: a-ter-cio-pe-la-da!: “atercio”, las manos y “pelada”,
otra parte.
Amor, amor,
una belleza de amor… Pero claro… las horas pasaban y yo, aún sin conciliar el
sueño, seguía girando en la cama como un trompo desbalanceado.
De pronto,
un golpe en mi cabeza deja resonando un grito omnipotente:
-“¡dejá de
dar vueltas y dormite, querés!”…
Decidido a
acabar con el misterio, prendí la luz y la vi:
No, no es Cariña, ya lo creo, su nombre real es Deseo.
*dedicado a "mi amiga" Gilda, que hoy publicó su primer libro y me reavivó el deseo.























Sos todo un pueta amigo.
Mis felicitaciones al Gilda, es toda una artista!