
Te pasaría a buscar el jueves a la noche,
tomaríamos un café, sí,
negro para mi, y con leche para vos.
Te llevaría rápidamente a un hotel,
pediría una habitación por dos horas,
entraríamos,
tocaría algunos botones del respaldo de la
cama,
desabrocharía tu camisa y te dejaría en corpiño,
te agarraría con fuerza por atrás,
te pasaría un brazo por atrás de la cabeza,
enredaría tus pelos en mi mano,
y te llenaría toda la oreja y el cuello
de besos hasta
que
me
mientas.



















Está buenísimo.
Y te lo digo acá porque soy re buena.