Ayer te vi cuando comenzaste tu jornada. Tarde te levantaste, vencido por mi buena amiga la pereza. No le rezaste a tu Dios ni en ese momento, ni en todo el día. Hasta de agradecer los alimentos te olvidaste. Eres muy desagradecido y, eso,? me gusta mucho.
También me agrada la enorme flojera que demuestras en todo lo que refiere a tu compromiso cristiano.
Por cualquier pretexto abandonás tus prácticas de piedad y faltas a las reuniones de formación. Tu mezquindad en la limosna y en la ayuda a los demás son una auténtica maravilla. ¡Es tan útil tu comportamiento para mi causa! No puedo describirte lo que me alegra el hecho de que hace ya tanto tiempo tengas esta actitud. Tantos años y sigues pensando que no tienes nada que cambiar ni nada de que arrepentirte; ¡me encanta!
Desde que te conozco te detesto. Te odio porque odio a quien de vez en cuando llamas Padre. Me gusta usarte para hacerlo sufrir y vengarme de Él.
Tu ignorancia y tu comodidad te impiden ver cuanto te ama Dios; tu estupidez te ha llevado a que yo pueda esclavizarte. No te defraudaré: haré de tu vida y de tu eternidad un infierno que ni te imaginas. Con tu cooperación voy a poder demostrar quién gobierna realmente tu vida.
¡Cuántos momentos hemos pasado juntos!
¡Hemos disfrutado muchas cosas!, ¡Cuántas películas pornográficas!, ¡cuántos sitios hemos descubierto en internet!; qué fáciles están hoy muchas de las mujeres! Gracias por degradarlas, convertirlas en objetos descartables y por fomentar la promiscuidad y el sida ?cuántas víctimas vamos consiguiendo-. Me gusta que no reconozcas tus errores y que sostengas que eres joven y tienes todo el derecho a gozar de la vida. No hay duda de que eres de los míos.
Disfruto mucho los chistes verdes y los cuentos obscenos que contás y escuchás. Vos te reís de lo graciosos que son, y yo me río al ver a un hijo de Dios participando en eso. El hecho es que ambos lo pasamos muy bien.
Tenemos el mismo gusto por las canciones vulgares y de doble sentido. ¿Cómo te enteraste cuáles son los grupos que me gustan?
Sos un fenómeno hablando mal de los demás, un verdadero maestro de la murmuración y de la calumnia; te felicito.
Cómo facilitás mi trabajo cuando prestás ciertas revistas, videos, o CDs, o cuando las llevás a las reuniones de amigos. Me gusta especialmente cuando lo hacés con los niños.
Decime cómo conseguís conocer tan bien la programación nocturna de la TV. Tampoco sé como lográs mantenerte despierto durante el día...
Me agrada que no tengas necesidad de que yo te tiente; habitualmente caés por tu propia culpa. Vos sabés cultivar muy bien la pereza y la curiosidad. Vos encontrás sin nigún problema mis ambientes y te exponés sin temor.
Menos mal que te da una vergüenza inmensa confesarte.
Menos mal que te olvidaste de rezar y que has dejado de lado a la Virgen María.
Para ir terminando, te cuento que ?habitualmente- no acostumbro escribir estas cartas. Pero, como sos tan tibio y mediocre, no creo que vayas a cambiar. No me malentiendas, yo no he dejado de detestarte, pero te busco porque sos un buen instrumento para mí. Me agrada que tu manera de comportarte ponga en ridículo a Jesucristo.
Me despido.
Seguimos en contacto permanente.
Un enemigo que te odia.
Satanás
Pd.: Si realmente querés ser mi amigo, no muestres esta carta a nadie.
























