Enviado por Juan Pablo el sábado, 14 abril, 2007 a las 8:54
Para continuar con la zaga de mis blogueros invitados a postear hoy voy a ceder mi pluma al talentosísimo Lebeche.
EL BANCO Y SU ROBLE.
Un banco que yace su agonía final en medio de cualquier parque; junto a él su anciano roble que siempre fue, sin remisión, un fiel abrigo. Sumidos en la niebla persistente del húmedo atardecer otoñal, rodeados de un lecho de hojas secas que un día fueron rojo intenso y que poco a poco fueron derrotadas por el frío y cayeron grises y marchitas, una vez más, sobre las juntas vencidas de su último otoño; acarician su deteriorada superficie durante un breve instante antes de que el viento las arrastre y le prive ufano de ese simulacro de añorado contacto. Ya nadie quería reposar sobre sus maderas carcomidas y las hojas de aquel árbol terco eran su único y efímero consuelo.
Componen juntos, sin saberlo, un surrealista cuadro de bella decrepitud. Recuerdan, entre susurros de viento, que no hace mucho, uno gozaba del calor de amantes apasionados, lectores embebidos, calmos viejos, madres impacientes, niños irreverentes? mientas el otro alzaba toda su belleza de fuego al sol de la primavera.
- ¿Y ahora qué? ? Gime el banco, casi sin preguntar - ¿Me echarás de menos?
- El tiempo es tan relativo ? es toda la respuesta que pudo dar el roble tras horas de quietud - ¿Qué significa echar de menos?
- Yo echaré de menos el caer quedo de tus hojas en el otoño. Tu vigor en primavera. Esa belleza que exhibes sin recato y que consigue que ellos vengan a posarse sobre mí.
- Tú sólo echaras de menos tu propia utilidad. Yo no puedo saber que es eso.
- ¿Estás seguro? - Y crujieron sus tablas en un suspiro de agonía.
Poco antes de la primavera fue arrancado de su trozo de tierra y pudo ver, antes de que el dolor de su pena terminara de matarlo, como colocaban en su terruño un flamante banco metálico; y supo que este nunca podría conversar con su roble, pues la madera y el metal no hablan en el mismo idioma.
Y al cabo de los años supo por fin el roble cual era la respuesta adecuada? pero ya no quedaba nadie que pudiera entenderle.
Enviado por Juan Pablo el sábado, 14 abril, 2007 a las 10:00
Cuando alguien tenga la duda de montar su propio blog, piense en la fabulosa oportunidad que tendrá de encontrar amigos tan talentosos y versátiles como Lebeche.
Un texto exquisito. Muchísimas gracias por compartir tu arte con nosotros, campeón.
Enviado por Lebeche el sábado, 14 abril, 2007 a las 10:47
Muchas gracias a ti, Juan Pablo, por tus amables palabras. El placer es mío por poder publicar en tu blog, un ejemplo de lugar abierto y de encuentro. Es un honor. Un abrazo fuerte, amigo.
Enviado por Erika el martes, 17 abril, 2007 a las 17:12
Lebeche... la terrible realidad de los 'destiempos'.
Cuando unos están dispuestos a escuchar, los otros no están preparados para decir lo que tienen qué decir... y cuando lo hacen, es tarde.
Muy lindo tu escrito, felicidades.
Enviado por Mavi el martes, 17 abril, 2007 a las 5:06
Qué decir de un texto de Lebeche!, pues poco más que lo dicho hasta ahora, magnífico!!!.
Me tocó en lo sensible, y eso que últimamente esa parte anda bastante escondida.
Besos!!
Enviado por Kalman Pardés el sábado, 14 abril, 2007 a las 21:19
Mi querido Sr. Pradero...¡ no sabe usted qué ilusión me ha hecho su invitación a un hombre de extraordinario talento literario como el Sr. Lebeche¡¡ (¿es este su apellido real).
He disfrutado enormemente de la historia, y pienso comentarla en mi almuerzo del lunes con colegas de la universidad..
¿Podría decirme si el Sr. Lebeche es escritor profesional o publica en algún lugar?..Lo contrario, sería un desperdicio.
Un saludo para ambos y, les ruego, háganlo extensivo a mi buen amigo el Sr. Paredes Leví.
Enviado por Lebeche el sábado, 14 abril, 2007 a las 21:46
Carlos: ¿Qué se puede esperar de la conversación entre un roble y un banco? No pueden hablar de lo mismo que nosotros. :)
Sr Pardés: Es todo un placer encontrarle de nuevo y que, además, haya conseguido hacerle disfrutar.
El apellido es impostado, como mi blog. Son opciones que da el medio... jugar con la real y lo enmascarado. Seguro que me entiende de sobra.
En cuanto a lo de si he publicado o no, le diré que lo hago con asiduidad casi regular en mi blog al que me consta que ya ha accedido usted en alguna que otra ocasión. No aspiro a mucho más a no ser que, por alguna extraña ley como pueda ser la de la atracción, sumada a esa otra de la casualidad, algún editor en horas bajas dé con mi lugar y decida, en un arrebato de optimismo, hacerme alguna propuesta interesante.
Justamente, nuestro común amigo, el Sr. Paredes Leví, es el artífice de mi reciente fe en la citada ley de la atracción.
Un saludo
Enviado por Lebeche el sábado, 14 abril, 2007 a las 22:45
Gracias Juanqui. El genio es Juan Pablo que fue el artífice de esa gran idea que es crear espacios abiertos, y además la puso en marcha.
Interactividad dentro de la interactividad. Esto último parece profundo pero es una tontería como otra cualquiera :)
Enviado por >> a l e x i s el domingo, 15 abril, 2007 a las 2:29
Interesante, me has ahorrado dar vueltas en búsqueda de el siguiente blog que valga la pena leer =D
Está muy bueno el texto, me gustó mucho, voy a ver si me doy una vuelta por ese blog que promete ser bueno.
Saludos.