Enviado por Juan Pablo el martes, 01 abril, 2008 a las 21:20
Mi muy estimado:
Te envío esta carta para pedirte que no pierdas las esperanzas. Sé que has venido a buscarme un día como hoy, hace ya algunos años…
Sé también que por mi causa has perdido muchas cosas, mucha ilusión y muchas almas.
No estoy segura de lo que quieres de mí, pues hoy sólo soy leyenda para ti.
Otros hombres me han pretendido antes y ahí estás tú, soñando que algún día volveremos a encontrarnos. No será hoy, tal vez no sea mañana, pero quiero que sepas que por ti estoy aquí. Demasiado cerca. Y aunque te parezca fría y distante, nuestro amor será por siempre puro y por demás genuino.
No me olvides, estimado. Yo no lo hago, y te extraño.
Enviado por Juan Pablo el viernes, 22 febrero, 2008 a las 15:10
Amigos muchas gracias por sus opiniones.
A decir verdad, no me considero una persona Egocéntrica ni nada de eso (exepto lo del pito, "repito"). Lo que buscaba con la entrada anterior era sus distintos puntos de vista.
Es asombroso ver como "una verdad" está compuesta de varias verdades. Lo que para algunos es modestia, para otros puede ser lo contrario, o visinversa :)
Me encanta comunicarme con ustedes.
Por estos días me encuentro de vacaciones y es por eso que estoy un poco ausente. Pero si taaaanto me hechan de menos los invito a leer (ni que hablar a comentar) éste arrebato que tuve hoy al dar mis impresiones sobre un libro que he leído sobre el argento Ernesto Sabato llamado La Resistencia. (con vínculo de descarga incluído).
Por hoy es todo, me doy un par de chapuzones más y vuelvo.
Enviado por Juan Pablo el jueves, 03 mayo, 2007 a las 18:45
En estos tiempos de comunicaciones aceleradas a ritmo vertiginoso es imprescindible involucrarse.
Para salir adelante hoy en la conquista de nuevos vínculos y oportunidades se necesitará cierta flexibilidad. Hay que definir acciones y sumarse a los nuevos trenes de información.
En nuestra sociedad súper comunicada, se da la paradoja de que nada es más importante que la comunicación.
Gracias a la gentil invitación del genial Leonardo Maldonado, me he incorporado a un nuevo proyecto digital que se llama Club de Lectura.
El club es un espacio participativo donde se abordan las lecturas no desde el punto de vísta sesudo y crítico, sino desde el lado de la pasión, del impacto personal que provocan los autores con sus palabras.
En la barra lateral incorporé el vínculo, al cual los animo a participar.
Enviado por Juan Pablo el sábado, 14 abril, 2007 a las 8:54
Para continuar con la zaga de mis blogueros invitados a postear hoy voy a ceder mi pluma al talentosísimo Lebeche.
EL BANCO Y SU ROBLE.
Un banco que yace su agonía final en medio de cualquier parque; junto a él su anciano roble que siempre fue, sin remisión, un fiel abrigo. Sumidos en la niebla persistente del húmedo atardecer otoñal, rodeados de un lecho de hojas secas que un día fueron rojo intenso y que poco a poco fueron derrotadas por el frío y cayeron grises y marchitas, una vez más, sobre las juntas vencidas de su último otoño; acarician su deteriorada superficie durante un breve instante antes de que el viento las arrastre y le prive ufano de ese simulacro de añorado contacto. Ya nadie quería reposar sobre sus maderas carcomidas y las hojas de aquel árbol terco eran su único y efímero consuelo.
Componen juntos, sin saberlo, un surrealista cuadro de bella decrepitud. Recuerdan, entre susurros de viento, que no hace mucho, uno gozaba del calor de amantes apasionados, lectores embebidos, calmos viejos, madres impacientes, niños irreverentes? mientas el otro alzaba toda su belleza de fuego al sol de la primavera.
- ¿Y ahora qué? ? Gime el banco, casi sin preguntar - ¿Me echarás de menos?
- El tiempo es tan relativo ? es toda la respuesta que pudo dar el roble tras horas de quietud - ¿Qué significa echar de menos?
- Yo echaré de menos el caer quedo de tus hojas en el otoño. Tu vigor en primavera. Esa belleza que exhibes sin recato y que consigue que ellos vengan a posarse sobre mí.
- Tú sólo echaras de menos tu propia utilidad. Yo no puedo saber que es eso.
- ¿Estás seguro? - Y crujieron sus tablas en un suspiro de agonía.
Poco antes de la primavera fue arrancado de su trozo de tierra y pudo ver, antes de que el dolor de su pena terminara de matarlo, como colocaban en su terruño un flamante banco metálico; y supo que este nunca podría conversar con su roble, pues la madera y el metal no hablan en el mismo idioma.
Y al cabo de los años supo por fin el roble cual era la respuesta adecuada? pero ya no quedaba nadie que pudiera entenderle.
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